top of page

Una despedida en entregas (o la entrega a la despedida)

cele aichino



carta. Ejercicio de invención de un destinatario (Andrés Neuman)


Mi amor

Querido Ale:

¿Quién sos?

Ale:

Abriste un portal que te lleva donde sos sin mí. Veloz lo atravesaste sin mirar atrás, dejándome donde estoy yo en el viznando, yo sumergida en tu lenguaje, en las palabras que ya no tendré a quién decir. Dicen que boca que besa no canta. Y los ojos que lloran, ¿escriben poesía? ¿es lícito ponerse a hablar de dolor mientras la herida sangra?


Troco el deseo de una ternura imposible

por el deseo del daño

Fumo un nuevo cigarrillo

procurando sahumar con humo industrial

el vértigo que se aloja en mis pulmones

Llueve y los caracoles largamente asediados

    abandonan la clandestinidad

trepan con regocijo las paredes del patio

babean con gula hojas ya agujereadas

Atrapo dos en ascenso y los piso

un tercero acelera su lento arrastre

como si hubiera escuchado el crujir de sus pares

acelera pero no escapa

y se suma a un holocausto

que apenas tapa la impotencia por tu abandono

vos matás mi amor

y yo mato caracoles


***


En un arrebato de enojo arranco tu foto de nuestro altar, me digo que ya no merecés mi protección. Oxumaré no parece reprobarlo. Tomo tus palabras: "considerá que se terminó un ciclo". Vos no ibas a ser un ciclo en mi vida, pero abandonás nuestro hogar sin mirar atrás y deseo contagiarme de esa seguridad. Junto tus cosas desparramadas por la casa y las amontono en el que era tu estudio. Compruebo que no eran tantas cosas, aunque en cada una leí el amor y ahora leo el desamor. Junto tus cosas sin pensar casi. Cierro la puerta sin haber conseguido el alivio que buscaba.


***


Antes tenía un cuarto propio donde me refugiaba en busca de un silencio que de todas formas invadías con tus gestos de amor ansiedad. Me odio culpo aborrezco por haberme exasperado cuando me interrumpías a mitad de un párrafo para ofrecerme un mate o una tostada con palta. Exquisita, sí. Pero no podía evitarlo. Mi mente estaba fluyendo hacia un ritmo o un sentido o un paisaje y ¡zuc! llegabas vos con tus tiempos cortos, tus mil pausas, a arrastrarme en una delicadeza que me era torpeza. No pude evitarlo, pero aun así paso por la puerta del cuarto cerrado y me gana el vértigo, porque ahora sobra el silencio, porque me cebo los mates sí, porque me sumerjo en el ritmo o el sentido o el paisaje, pero al salir estoy sola, ya no te puedo compartir el ritmo ni el sentido ni el paisaje, y se siente tan para nadie.

Hay un cuarto vacío en el que escondo mi hijo deforme, mi incapacidad para aceptarte, mi impaciencia. Y no pude actuar distinto, esa es mi joroba.


***


Me pediste contacto cero, al menos por un tiempo. Desde que no estás entre mis contactos de IG, las interesantísimas publicaciones sobre música, arte, política, que tan diligentemente te reenviaba, fueron sustituidas por publicidades que me garantizan tu regreso, apps que saben cómo funciona la oxitocina en los hombres, amarres basados en la neurociencia. Como gitanas malintencionadas que leyeran en mis ojos rojos, en mis ojeras, en las líneas de mi mano, mi soledad como destino o como posibilidad de negocio, parece que ya no soy la persona curiosa que te gustaba. Me dejaste y el algoritmo lo sabe. Como si leyera mi mente sabe que reviso con culpa cada recuerdo.


***


Un amigo me sugiere ir al cuerpo, evolutivamente más antiguo. "No vas a resolver con la mente lo que ocurrió, las especulaciones son todas tuyas. Nunca vas a saber qué le pasó". Obedezco con fe y empiezo el día corriendo alrededor de una plaza de barrio. Los cigarrillos fumados cada día se hacen notar: enseguida me canso, me falta el aire, termino llorando sostenida por un árbol. Se siente como un llanto distinto, más parecido al dolor que al sufrimiento surgido de mis pensamientos. Procuro repetir la fórmula los días siguientes, pero ya no funciona. Corro en vueltas, corro envuelta en lágrimas. Puedo correr, pero no alejarme de mi necesidad de entender.


***


Me empieza a arder con persistencia el ojo derecho. Mucha pantalla mucho trabajo mucho pucho (y la etiqueta actual que justo me recuerda que fumar causa ceguera, en la foto una perla sustituye la negra pupila). Me pregunto qué no estoy queriendo ver. Lado derecho, lado masculino. Dejé de verte, te fundí en un nosotrxs que cada vez tiene menos consistencia. Por el rabillo del ojo que apenas puedo abrir veo el fantasma de nuestro fuego. Fuego fatuo.


***


Desconcierto. Se me figura como un silencio repentino, una ausencia de sonido que casi aturde, un silencio con tinitus. Y también como un concierto totalmente desafinado, con gaitas y djembés sonando a destiempo, con mis aullidos quebrando cualquier intento de armonía. Entre uno y otro estado se sacude mi mente desde que me dejaste.


***


Apelo a una microdosis para amortiguar la abstinencia amorosa. No sé cuánto podrá sostenerse, pero te pido conversar, sobre todo y sobre nada. Escucho tu voz, sos vos, el que todavía amo. Y no sos vos, el que me amaba, se nota en la seguridad. La firmeza de tu voz, la vacilación e impostura en la mía. La charla deriva hacia las cuestiones prácticas de la separación, un terreno minado donde mi voz se mueve mejor. Sí, claro, cómo no. Cajas fletes horarios. Ya estás lejos, pero tu eco de alguna manera me calma. Una microdosis apenas.


***


Baño de inmersión. Fantaseo con cortarme las venas y desangrarme todo adormecida por el calor y las sales de romero. Es apenas una fantasía, no podría. No por falta de ganas ni por exceso de ganas de vivir. Sospecho que me ganaría la desesperación al ver el rojo manando de este cuerpo que se siente apenas gris, a lo sumo azul. Antes fantaseaba con tirarme de un edificio, capaz ya no tengo fuerzas para ascender, capaz ya estoy estrellada.


***


Mi terapeuta me sugiere entender los límites emocionales como se entienden los físicos, como entendemos que algunos cuerpos son más friolentos y que otros no toleran la lactosa. Pensar que nada pudo ser distinto, que no soy culpable de lo que no pude soportar en la convivencia, en tu manera de ser. Me dice también que los límites son potencia, que reconociéndolos se puede habitar lo que sí se puede. Todo muy bonito, pero no dejo de querer y sufrir por lo que no pude y tanto deseaba, como el celíaco que se hincha con la pizza exquisita, como tantas veces lamenté esos tragos que me alegraron la noche y me reventaron el hígado.


***


Las cartas son también la invención de un remitente. ¿Quién escribe? ¿La enamorada, la enojada, la decepcionada, la negadora...? Todas ellas conviven en mí hoy, se turnan para recordarme tu ausencia, tu importancia, tu indiferencia. Todavía estoy en shock, todavía estoy yo en el viznando. Aunque afuera brille el sol otoñal, solo anuncia un invierno que sin duda será para mí el más frío en años.


¿Quién soy?

Pregunta absurda si las hay


PD: Esta es la certeza del postre, la certeza del final: el lenguaje como joya, algo suntuario, algo que deslumbra en medio de la oscuridad, un postre que no sacia, pero sabe rico... Buscar un sentido en el absurdo, ordenar el caos de los hechos. Porque no dejamos de ser animales de lenguaje, porque no podemos prescindir de los cuentitos, de las explicaciones, de los pobres consuelos. Sí, el cuerpo es más antiguo, más sabio, pero este cuerpo tonto exige caricias que no vendrán. Le ofrezco, en cambio, palabras para que entienda de una buena vez que ya no es deseado, que ya no goza de tu sostén, que deje de esperarte. ¿Cómo pudo equivocarse tanto mi cuerpo que aún te desea, que aún besa tu cuello cuando te tiene al alcance, que aún extraña tu peso del otro lado de la cama?


PD2: Vuelve con insistencia un sueño que tuve apenas unos días antes de que te fueras. Te me aparecías vestido de blanco, salías del hospital. Tu vestimenta podía ser una bata o una túnica. Me anunciabas que no habías sobrevivido a la operación, pero que estabas bien. Te despedías con amor. Me consolabas con una calma que yo no podía recibir, te secundaban tres médicos/ángeles que confirmaban tus palabras: habían hecho todo lo que podían, no había sido suficiente. En el sueño yo me desesperaba, lloraba desconsolada, como desconsolada estuve todos estos días, sin poder despedirte, sin poder contagiarme de tu calma. Una amiga interpretó ahí el miedo por mi propia muerte, la ansiedad ante el resultado de mi biopsia. "El inconsciente no puede figurar su propia muerte y la proyecta sobre personas que queremos". De todas formas, me desperté angustiada, te sentí a mi lado y decidí que no quería que te fueras, que no quería una vida sin vos, me prometí los cambios necesarios para que te quedaras, para que fueras feliz conmigo, para ser feliz con vos. Pero no era algo que pudiera decidir, los ángeles ya habían hecho todo lo que podían, no tuvimos arreglo y tu calma onírica es la misma con la que ahora te alejás de mí. Leí indiferencia en lo que es confianza, confianza en lo que no sabemos. Las palabras que me dije estos días fueron pura cháchara, tapé el dolor con discurso, preferí el sufrimiento a la aceptación. Me convidás de la droguita que estuviste consumiendo, chutazo milagroso que me recuerda que no sabemos nunca qué es lo mejor para nosotrxs, que lo más doloroso puede ser exactamente lo que necesitamos, que solo nos queda abrazar la incertidumbre, en silencio. Si el amor es una droga y lo que siento es síndrome de abstinencia, haré como los adictos que se aferran a crossfit, que corren maratones o pedalean kilómetros huyendo de sí mismos, de una versión pasada que busca persistir. Esnifo milagros de tu mano derecha, quizá lo último que compartamos, y opto por agradecerte. Agradecerte siete años de intentarlo, aunque hubiera deseado una eternidad. Agradecerte tu valentía por regalarme una calma (futura) que no pudimos encontrar juntxs. No deja de dolerme la pérdida, solo elijo hoy escuchar un nuevo cuentito, uno con final incierto, quizá feliz. Los otros relatos me empujaban a la horca. Quiero vaciarme de certezas aunque sea por un rato. Solo por hoy.

Botões
Sarabatana Revista Independiente de Literatura
  • Instagram

REVISTA INDEPENDIENTE DE LITERATURA

bottom of page