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Herencia

Sarah Gonzales Añez


                                             A la hija que no tendré


Quisiera heredarte mis ojos,

tantas veces renegué con ellos,

por ser diminutos

no les cabía el asombro.

Papá dijo una vez

que yo tenía ojos de pollo,

lo dijo como un cumplido,

creí en su palabra.


No puedo darte mis ojos,

yo los recibí de mi madre,

sus párpados,

ventanas al mundo,

sus lágrimas,

habitaciones para dormir sola.


Quiero dejarte la mirada,

para que vayas por la tierra

buscándome en los gallineros,

en las plumas,

en su sonido muerto.

Para que bailes

con los espejos

en los que se dibuja

nuestro rostro,

las líneas de mis arrugas,

las comisuras del llanto.


Desde esa mirada,

hija,

yo te pensaré

porque con estos ojos míos

yo te libero.


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