
Lotero
Alejandro Zapata Espinoza

Preambulo
Carta sobre la mesa de fines de semana, oficinita para el reclutado con inicios de relaciones —las que deciden entre una carrera y el conocimiento cuando ya todo se asienta y se debe—. Pues bien muy señor mío Corio, entrémosle a las fundadoras con unos asentamientos, que pensaba copiar una misiva del 2022, el caso es que no la encontré, pero sí ahora, antes de sentarme, una escrita por otra persona a la que mencionaba: no iba más lejos del asunto, quizá iba dirigida a los controladores del agua de la vereda, o para trámites de la pensión, el caso es que en estos tiempos una hoja escrita a mano —los sudokus pasan a basura una vez mueren las abuelitas; debiera guardarse los cuadernos de los estudiantes desde preescolar a bachillerato, o las profesoras memoria en una bitácora con los trabajos realizados, y así dejar registro (¿por qué siempre la idea bibliotecaria, museística, anexada de lo fugaz?) de un estudiante suramericano: pienso en los de Argelia entre Sonsón y Nariño, o en la mera escuela como referencia—. Y no botar esos cuadernos, ejercicios y arranques: todos han de entender, por muy lejanos que sean, lo que dejó uno de los conocidos en un sistema o en la mañana de cualquier febrero.
Esto es motivo para adentrarme, no ya de la carta perdida, en algo que podría a quien interese, y no habiendo nadie más a quién uno desamarrar la prosa —Guilermo se puso de centroderecha en estas elecciones, y eso que era precursor del Gran Timonel en las carreteras (mythos en el relato de ciencia ficción a las malas para términos de marzo), Lius manda invitaciones de grupos de mensajería como si no tuviera remiendos que hacer para justificar el pago aprobado sin aparato crítico, y Remiro se está convirtiendo en el mayor haikuvero de Antioquia (cincuenta por día)— en Corio, el farsante disponible un domingo a las doce de la noche para recogerlo a uno en cualquier garito o cocina. A él se puede acudir en el momento del vómito, en las capacitaciones donde uno guarda su nombre de lo prohibido que se ha hecho, en el camino largo con maleta a la espalda:
—Acompáñame, tu señor mío.
—Diga a ver, cuente.
—Hace dos días forzaba una clase de dos horas a las malas: empecé muy activo, que con percusión corporal, dos temas ingleses, y luego resumimos la anterior a esa: nadie participó; hasta uno, después de la canción, dijo que no le había quitado el sueño. Experimenté la clásica sesión de relleno. Se me presentaron los docentes universitarios en cuyo contrato no se establecía: «Evitarás hacerlos sentir que pierden; en tal caso, innova y mándales trabajo en casa: no te expongas o te leerán igual en los semestres venideros, y un profesor aburrido es incurable: se graba peor que un insulto de jefe».
—¡Cómo así!
—Pero no tenía de otra: quedé comprometido desde el mes pasado y, además, ya terminaba proceso. Al despertar me contradije, me regañé por lambón, pero ¿quién no se retracta al despertarse? Solo que los tenía como objetivo, no es más. Vuelva a donde quiera; yo terminé poniendo a uno a crear la página, tocó cambiarlo por otro más vivo, y a cuarenta minutos de acabar —esto es: mil horas del fin— preguntó hasta cuándo íbamos, y otros que si terminábamos antes porque tenía cosas importantes que hacer —los muy groseros, los jóvenes para el alba de trabajitos, la universalización del bachillerato: su desvelo accidental—, y yo les digo para calmarlos que en los seminarios tendrán más tiempo porque contarán las noches, y ellos seguros, estirándose como esa vez que una profesora, en el colegio que duré menos de dos meses, me señaló por falta de respeto, que es verdad. Cuando uno aburre, no darse cuenta es un alivio.
—Igual supiste que el duro, en diciembre, no respondió en espera de que te boletearan, y la compañera de este año te salvó por mensaje privado. Y comentó la respuesta de aquel, y lo viste con otros ojos, cuando él andaba en otras cosas de sus cuatro empleos.
—No cuentes eso; lo que yo no diga, guárdatelo.
—¿Para un medio más lejano de la nube?
—Desde que podamos alegar desde la ficción...
Duda suelta
¿Una carta en la que interviene el destinatario? La estamos haciendo. No para escudarnos, pues quien va como ratón se convierte en trampa, sino para entendernos como nos guste. Es esto, Corio: si lo necesito, como usted me necesita, menguados en noche de domingo, cuando el sábado hubo trabajo, con tecleos a la espalda —tres ensayos y medio—, violines de música popular afuera y tres voces en la mesa con aromáticas en leche; nos precisamos: «no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme».
En todo caso pensaba traer al profesor de microensayos, y dedicarle las notas a Valéry, mi lectura de Notas sobre la poesía de Gorostiza: los párrafos irán formando las tres páginas del texto programático anexo la creación que se leerá en abril: un estudio que refuten o agreguen los editores, los talleristas y los compañeros.
—¿Y su madre?
—En San Jerónimo; en esto pregunta si me pagan.
—Como quien ya sabemos...
—... y ya le he dicho.
Señor parqueadero
Conecto lo del resguardo de las obras de secundaria a una actividad de décimo u once, con la profesora V., sobre la epístola. La hoja debe haberse perdido luego de calificarme (innúmeras informaciones repetidas por periodo); en todo caso no la devolvió, y tampoco merecía recuerdo. Escribila en una hoja normal: como en esto, Corio, tampoco le di a leer a nadie más lo dicho: me dirigía a un señor arrugado prematuro, cuidador de parqueadero en la antigua plaza, ahora centro comercial; por el caminito hacia el parque, en medio de dos panaderías cachés. Yendo y viniendo del colegio lo veía: manos en la espalda, frente asomándose un poco, los pelos erizados y secos, y un tinto en la ventana de la caseta. Me parece haberle dicho que no me conocía ni yo a él, pero que si en algo pudiéramos hablar es eso que allí dije: por ese entonces ¿qué leía? Y así como no me la devolvió, tampoco me parece haber tenido más que la nota: ni un comentario; si la leyó alguien, menos que resaltó nada. Quería devolverme a ese tiempo: algo iniciaba en escribirle carticas a unos cuantos, porque sí, como la que espera y no lo sabe el gestor del evento simultáneo desde Getafe-Madrid, sobre los niveles de crítica que percibe, a lo largo qué significan, en dónde se lucen.
Correvisión
Mencionar primero que se busca, en las políticas lingüísticas dado el caso de que existan en los industriales, las coideas, prefijo en codiseñotallerintegralidadescriturapermanenciacuidadoesperanzalujotintosimpresorasrelacionesdescuidos menos codinero. Echémosle ojo a lo siguiente, enviado en El Carmen el dieciocho de marzo del año en curso: «Respetado: bienvenida la recopilación de los poemas partícipes del evento. Es de resaltar que estos se plasman en conjunto, de la mano con la propuesta al inicio del libro: “Este vasto novo mundo virtual proporcionou a chance de se concretizar muitos sonhos e anseios de seres que vivem para as artes em todas as áreas e assim produzirem verdadeiras obras primas verdadeiras psicografias de suas almas e viviam a margem de seus pares no mercado artístico e cultural”. Por si fuera poco, además del texto en su idioma original, comparten la traducción en língua portuguesa. Debido a esto puedo decir en mis semblanzas que he sido traducido, y nada más y nada menos que por la Academia Mundial de Cultura e Literatura. Comparto la publicación en Archivo Cantera, con el preámbulo de J. S. B.; si bien el mensaje es el mismo escrito a los participantes, deseaba anexarlo. No siendo más, le desea una feliz semana...»
—Envíela.
—Ya la mandé. No la ha leído.
—Póngale un punto, o diga «Hola».
—Después del texto, ¿eso tan simple?
—Fue usted quien se atrevió, así como son todos los que escriben carta de primerísima entrega, unos atrevidos. Acuérdese del compañero al que nunca le habían respondido cartas; y se desligaron, y ahí quedó la cosa.
—Pero no crea, más de uno espera una hoja.
—Hágale, usted tiene pensado mandarle a la especialista en terapia, el artículo en titulado en exclamación.
—Más tarde, luego de que se vayan del todo las visitantes; a los días del almuerzo con el Terrible. En otro tiempo, con menos sofoco. Una vez terminada la pregunta de qué sigue de abril: San Vicente del Caguán o la fase dos en el Oriente.
Aguas Calientes-Fátima, marzo de 2026